Posada se viste de fiesta todos los viernes. Ese día hay mercado y una sinfonía de olores, colores y sabores se da cita en la plaza de Parres Piñera. Calzado, fruta, legumbres, quesos, música, bisutería, ropa, pan de pueblo… Hay de todo en La Vega, que es como muchos lugareños denominan a lo que hoy se conoce como Posada. Más de una veintena de puestos ofrecen al consumidor una gran cantidad de productos, buena parte de ellos artesanos o caseros.
La plaza de Parres Piñera está los viernes de bote en bote. «¿Quién da la vez?» es la frase más repetida ese día, además de «¿quién va?» y «¿a cuánto está?». «Barato, barato», responden algunos vendedores extranjeros. Uno de los puestos más atareados es el de pescadería, donde el bonito es, en julio y agosto, lo más solicitado. «En verano lo comemos casi todos los días, hay que aprovechar», afirma Margarita Gálvez mientras espera su turno para poder adquirir tan demandado producto. Parece recién pescado.
En el «mercáu» hay un poco de todo, incluso antiguamente había venta de ganado. El de Posada siempre ha sido «un mercado de mucho trajín, como un día de fiesta», asegura Paco Llera, vecino de la zona. «Yo bajaba con mi padre desde Ardisana y me perdía mirando las ovejas», añade. «Bajar» a Posada el viernes es una de las costumbres que no se han perdido en la mayoría de los pueblos de los alrededores. Desde los diferentes pueblos de los valles de Posada, Ardisana, Caldueñu y San Jorge llegan cada viernes a Posada cientos de vecinos. Algunos, a pasar la mañana, otros, a alternar, y los demás, a hacer la compra semanal.
Los puestos de flores dan a la plaza un colorido especial, muy tentador a la vista, y hay quienes no se resisten. «Hoy es el cumpleaños de mi mujer y tengo que llevarle flores, lo hago cada año», afirma Raúl Díaz, vecino de Llanes. Para los más nostálgicos también existe un puesto de antigüedades. Candelabros, planchas y hasta una campana del «Titanic», de 1912, según asegura el vendedor.
El mercado de Posada es bien antiguo. Por acuerdo del Ayuntamiento de Llanes, se aprobó en 1862 la creación del mercado semanal en Posada, celebrándose el primero de ellos el viernes 19 de diciembre de ese mismo año, en el lugar que entonces se conocía como La Vega de Bricia (Posada era entonces lo que hoy se conoce como Posada la Vieya).
Los vecinos de los pueblos que integraban el valle (Posada, Quintana, Bricia, Turancias, Piedra y Lledíes) lucharon para conseguir este beneficio, exponiendo además sus dificultades de abastecimiento por la distancia que los separaba de Llanes, donde se celebraba en aquella época el mercado más cercano. Aportaron dinero para empezar la construcción de seis barracones para albergar a los vendedores.
Se eligió como lugar del mercado un sitio que careciera de tradición, un sitio nuevo, equidistante de los cinco pueblos anteriores y donde les fuera fácil a los vecinos acudir con ganados y manufacturas, siendo obligatorios al principio la concurrencia y el compromiso de todos, para lograr el despegue y la fama del mercado, que era la base del éxito y de la continuidad. A este mismo sitio se trasladaron las ferias de Santiago y Santa Lucía desde 1863. En muy pocos años, el mercado de Posada se convirtió en el más concurrido y mejor surtido de toda la zona, por delante, incluso, del de Llanes. Casi ciento cuarenta años después, el mercado de Posada sigue a la cabeza.
Posada (Llanes),
Begoña DÍAZ
LA NUEVA ESPAÑA
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